martes, 10 de febrero de 2015

EL AURA (I)


EL AURA (I)

“Todos nosotros emitimos una brillante aureola, halo o aura, impregnada con la verdadera esencia del alma”. Anónimo.

Numerosos estudios desarrollados con respecto al aura, han demostrado que saber de ella debe ser una parte fundamental del conocimiento personal, pues aprender  sobre ella, ayuda a comprender sobre la personalidad, los estados de ánimo y el cabal acercamiento a la espiritualidad, lo que permite al observador procurarse una mejor calidad de vida.

El Aura es el campo electromagnético o de energía luminosa circundante que emana y rodea a todos los seres vivos, ya sean astros, planetas, personas, animales o plantas.

En el ser humano, la capa etérea está vinculada o ligada a los vórtices de energía bien conocidos como chacras y en general se extiende a una distancia considerable de alrededor del cuerpo y sigue su forma, pues lo envuelve y cubre en todas las direcciones posibles.

Fluye de manera dinámica tanto en su tamaño, forma y color, pues su espectro vigente depende del estado físico, emocional y espiritual de cada portador, lo que permite descubrir el verdadero estado interior, ya que su halo corresponde al reflejo espiritual sobre el que se plasma el cuerpo.

En su proyección es posible ver ciertas cuestiones materiales y espirituales, porque básicamente está dividida en cuatro plantillas y siete estratos o capas, estas últimas  relacionadas directamente con los siete vórtices básicos o cuerpos áuricos y cada una de ellas corresponde a un nivel de conciencia.

El aura puede dilatarse, permanecer o contraerse, en función del flujo de energía que se genere. Su propósito consiste en soportar las corrientes magnéticas y eléctricas del sistema regulador interno del cuerpo, mecanismo apto para mantener la homeóstasis, esto es, conservar la propiedad de los organismos vivos en una condición interna estable, tal como sucede con el pH de la sangre, el funcionamiento del sistema endocrino o del sistema nervioso autónomo. El aura ayuda a mantener todas estas influencias en equilibrio para que el cuerpo esté sano.

Los colores esenciales del aura son, el azul, el rosa y el amarillo, sin embargo en condiciones normales, el color de la cubierta cercana es magenta pálido, más se puede llegar a ver blanco, cuando la persona ha evolucionado espiritualmente. Así por ejemplo, la paz produce energía azulada a la cubierta o si se obtiene un toque violeta, ello es reflejo proveniente de personas revestidas de dignidad.

Alrededor de ésta cubierta etérea, aparece el aura propiamente dicha, una cubierta de tres dimensiones que se extiende en todas direcciones, hasta más de un metro de distancia. Su volumen es hasta veintidós veces el del cuerpo humano, el cual es formado en capas dinámicas de colores propias del arco iris que permanecen en constante movimiento y penetran unas en otras intercambiando sus tonos claros y puros.

Las capas áuricas son revestimientos de energía que envuelven el cuerpo físico y están directamente relacionadas con los niveles de consciencia o almacenamiento de energía que a su vez proporcionan un soplo de vida a los diferentes órganos y sistemas del cuerpo.

Rodeando el cuerpo hay siete de estas capas de luz que se difuminan en todas direcciones, alrededor del cuerpo. La capa primaria es la más cercana al cuerpo y corresponde al primer vórtice o chacra raíz-tierra. Cada una de las siete capas, tiene un espesor de alrededor de diez centímetros y cada una de estas capas suele tener el mismo color que el chacra que representa. A medida que evoluciona el alma o la consciencia, estas capas se van desarrollando progresivamente.

Cada una de las capas contiene uno de los colores del aura que para algunos son siete, para otros nueve y para algunos once, aparte de las tonalidades de sus posibles combinaciones. Sin embargo, aquel color que prime, será el color básico imperante en cada uno. Dicho color básico es permanente en el curso de la vida y sólo muta bajo circunstancias específicas. Su tonalidad habla de las cualidades relevantes y/o de los defectos, por tanto debe tenerse presente ante las relaciones con los demás, pues muchas veces el contacto interpersonal es dado a través de la interconexión existente entre las auras.

El aura consiste en un poder espiritual que colabora en mantener la armonía por medio de la energía que ofrece la vida. La curación forma parte del crecimiento espiritual, más  depende de cada persona decidir si quiere o no, entrar voluntariamente en el proceso, porque el poder curativo se localiza tanto dentro, como fuera de cada persona.

Cuanto más potente sea el aura, irradia otros colores, al margen del básico natural. Esos colores secundarios dan pistas sobre el estado interior momentáneo y su preponderancia inclusive se relaciona con alguna etapa determinada de la vida.

La cámara Kirlian es un instrumento fabuloso para observar y fotografiar el aura y los procesos de su evolución. Así se puede saber por ejemplo, cómo se está reaccionando frente a algún acontecimiento o bien, o qué es lo que más inquieta al observador en un momento dado.

Los incesantes movimientos son consecuencia del impacto del entorno, así como de los continuos cambios del pensamiento, de los sentimientos y aún del equilibrio físico. Cada plantilla es la expresión individual de un "campo" colectivo, que está en contacto permanente con el entorno, lo que implica frecuentes intercambios consigo mismo.

Las plantillas y las capas del aura son la vívida manifestación del Ser, ya que cada una de las plantillas corresponde a la proyección de un aspecto diferente de cada una de las funciones físicas, emocionales, racionales y espirituales, mientras cada una de las capas cuenta con diferentes parámetros medibles como son: forma, color, brillo, tono, pureza, densidad, emplazamiento, movilidad y función.

Las plantillas áuricas son cuatro y rodean al cuerpo físico, yendo de la más cercana hasta la más lejana y se conocen como:

Plantilla etérea: que se encarga de llevar a cabo la tarea de sostener la estructura física en forma de átomos del cuerpo físico, y se extiende a una distancia de unos cinco centímetros del cuerpo físico, siendo sus colores primordiales, el dorado, el verde y el rojo.

Plantilla Astral: cuya tarea consiste en sostener el flujo de energía de vida hacia los átomos físicos. Se extiende a unos diez centímetros del cuerpo físico y sus colores fundamentales son: el blanco, el púrpura y el rosa. Es importante pues protege al cuerpo etéreo.

Plantilla Mental: sostiene los niveles de pensamiento. Se inicia a unos treinta centímetros del cuerpo, tiene unos quince centímetros de espesor y se extiende en todas direcciones hasta adquirir una forma ovalada. Su color fundamental es el blanco.

Plantilla Causal: es la coraza del alma, protegiéndola mientras permanece en el cuerpo físico. Se inicia a unos cincuenta centímetros del cuerpo físico y tiene un espesor de unos doce centímetros, e igual se extiende en todas direcciones en forma ovalada. Su color es blanco. El Alma depende de esta plantilla para mantener todo su poder.

Pues bien, cada plantilla y cada capa poseen una relativa independencia con respecto a dichos intercambios. Los pensamientos y las emociones representan una proporción variable de su manifestación que se muestra en la forma y los colores del arco iris.

La manifestación áurica: no resulta necesario ver el aura para poder trabajar con y en ella. Ver el aura de las personas, animales u objetos, solamente lo pueden percibir aquellas personas que tienen una fuerte "Clarividencia mística o espiritual" y que están en sintonía con todas las frecuencias de la energía del Aura, algo así como si tuvieran acceso a las diferentes frecuencias de las estaciones de radio. En el momento correcto y cuando el alma esté preparada para ello, se le abrirán al observador aplicado los dones de la Clarividencia.

Pero él no puede sentarse a esperar a que llegue ese día para empezar a trabajar ante  el aura o frente a la luz y las energías divinas, porque ahora y siempre, es el momento propicio para iniciar la toma de la oportunidad de trabajar en un decidido acercamiento a ella.

La perfecta armonía y la unión espiritual del elemento masculino con el femenino, son residentes en grado infinito en la eterna esencia de la llamada Alma Madre, por ello, se debe realizar con tanta perfección, como sea posible en el ámbito humano. Asunto este que resulta delicado, cuando aún no se ha llegado a cierto grado de purificación del Ser.

“Sólo hasta tanto el observador haya entrado al conjunto del Aura Suprema de la armonía compartida, logrará estar al lado de los seres superiores y así llegará enriquecido de nuevo al imperio de la plenitud”. Dennis Hebron.

(Continúa...)


Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242
Autor: Daniel García Vanegas.
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