martes, 10 de marzo de 2015

EL PROCESO VIDA (II)


EL PROCESO VIDA (II)

“Cuando me despojo de lo que soy, me vuelvo en lo que podría ser”. Lao-Tsé.

Ahora bien, estrechamente ligado al concepto de la vida se encuentra la inseparable noción de la muerte. Éste fenómeno de cesación de la actividad vital, hasta ahora no ha podido ser correctamente definido por nadie en toda su extensión, ni en términos filosóficos, ni en términos biológicos y mucho menos en el plano físico matemático.

El vocablo muerte procede del latín ‘mors, mortis’, que significa morir, cesación de la vida. Hecho biológico inevitable que da final a toda actividad vital, incluida la más primordial función del cerebro.

Sin lugar a dudas, hablar de la muerte permite ir allende de la vida cotidiana y de las acciones que se realizan dentro de ella, ya que se trata de un tema controversial para simplemente entender que cada uno tiene un inicio y un final. Actualmente el estudio de éste tema tiene mayor impacto según sea el ámbito donde se plantee, pues en realidad no resulta nada fácil llegar a un concepto homogéneo sobre algo tan controvertido dentro de un mundo que maneja tan variadas costumbres, creencias, y formas de pensar, cada una basada en experiencias personales o particulares y trasmitidas por la tradición.

Empero, se puede describir la muerte como el final de la existencia vital, donde ya no es posible compartir e interactuar con ciertas manifestaciones que representa la vida en sí, ya que es una etapa terminal, donde científicamente el cuerpo físico no genera ninguna respuesta fisiológica, emocional, ni sentimental, ni lo hará nunca más, dejando atrás la interpretación de las creencias asumidas por el dolor y la desesperanza del apego.

A pesar que la muerte es un fenómeno cotidiano, socialmente resulta paradójico encontrar tantos tabús y miedos aferrados que conciben este tipo de posición como estados negativos, que a su vez generan temor, estancamiento y confusión; así, no es posible aplicar una óptica amplia, ni disponer de bases claras con respecto al concepto significativo de la muerte, para afrontarla mejor o para aceptar la partida del ser humano de la vida física, como un evento ineludible y natural.

Bien decía Sócrates hace veinticinco siglos: “El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe. Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo la teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males".

Independientemente de que se acepte o no, la muerte llegará, por tanto se debe tener claro que en verdad es la mayor certeza posible poseída por el hombre y que por obvia, siempre pasará en el momento indicado.

En consecuencia, la única realidad absoluta implícita a la vida, es la muerte, aunque a través de los siglos haya despertado repugnancia en unos y fascinación en otros. Ha sido bendita por unos, repudiada por otros, rechazada por la mayoría, más resulta omnipresente en todos.

Infortunadamente, la mejor definición sigue siendo que muerte es lo contrario a la vida, cuyo hecho concreto es simple: resulta difícil enfrentar la transformación del movimiento en quietud permanente y presenciar el cambio de la actividad vital de un ser humano ante la desagradable presencia de un cadáver que se enfría y del que no se pueden obtener respuestas, sensaciones o impulsos fisiológicos. En resumen, es un estado en el que se pierde la comunicación por completo.

Por demás resulta contradictorio hablar de este tema, ya que obliga a experimentar sentimientos y emociones opuestas que van indefectiblemente de la mano, pues la una, conlleva a la otra; Sin embargo, desde una perspectiva y visión más amplia no es recomendable negarse a asumir el entendimiento de esa etapa llamada muerte, pues en algún momento cada uno la tiene que experimentar sea con los seres queridos o de manera personal, en ese ineludible transitar por el camino.

En general la muerte es un proceso que se asume desde la perspectiva dada por la religión, como un paso al más allá, concebido como la vida eterna, acompañado por el desprendimiento del alma del cuerpo, ya que supuestamente la primera trasciende, mientras el cuerpo físico, luego de un breve lapso, pasa a un proceso de descomposición.

De ahí deriva la creencia de que existe vida después de la muerte, lo que ha conducido a hablar del mal y el bien en éste mundo pasajero y a su vez, induce a escoger el camino que se cree será el mejor e induce a practicar comportamientos acordes con ciertas expectativas creadas por la mente.

Resulta importante mencionar que en la actualidad, la muerte sigue siendo objeto de estudio y reflexión desde diferentes perspectivas filosóficas, religiosas y científicas, puesto que las personas mueren por razón de distintas enfermedades, circunstancias y ambientes, mientras los niveles culturales conllevan distintos grados de conciencia sobre lo que de hecho sería una ‘buena muerte’.

Las creencias, actitudes y comportamientos asumidas por el hombre sobre esta situación, no son innatas tal como en los animales, pues por lo contrario, su interpretación es producto de lecciones aprendidas desde pequeños; allí radica la importancia y la responsabilidad  que el adulto tiene hacia la población infantil y adolescente, de enseñar la relación de la muerte como un tema saludable ante el afrontamiento y la aceptación de éste fenómeno, como un evento natural.

En un sentido netamente esotérico, la muerte se entendería como “la separación del alma del cuerpo”, es decir, la conclusión de la vida física, más no el término de la existencia.

Es así como obedeciendo su natural ánimo de contextualización, desde siempre el observador ha intentado responder cuál es la razón o motivo de su existencia como resultado de la esencia metafísica  del pensamiento. En su proceso ha escudriñado la creación desde una óptica de derivada de la existencia de un Ser Superior, quien en concepto de muchos, otorga la cualidad de vivir a los seres humanos y a otras criaturas, tanto así, que diferentes culturas coinciden con un relativo alto grado de cercanía conceptual y de profundidad epistemológica, sobre una serie de encuentros míticos cercanos entre ellos, llegando a proponer una explicación del origen de la vida y del hombre, como producto de un ente contenedor del  preciado don de la creación.

En sánscrito, el nombre conjunto de estas fuerzas del exterior e interior es pra'n'a, o simple "energía" y asegura que cada elemento sólido, posee su propio pra'n'a. Además a la colección de los pra'n'a, se le llama pra'n'a'h, que significa "energía vital"

Entonces, Pra'n'a es el juego eterno entre la causa cósmica y su forma más elemental de efecto. En el pra'n'a existe una constante oposición interna, en la que cualquiera de las fuerzas vivas puede ganar. Depende de si la fuerza interna es la que prima o de si la fuerza resultante crea un núcleo de carácter sólido, de manera que la estructura sólida se crea y la preservación de su estado de solidaridad física, depende entonces de la presión externa.

Para corroborar su existencia, todos los factores deben mantenerse en proporción adecuada y mantener la debida cohesión mutua, pues de ellos depende la resultante interna, es decir, la energía vital.

La médula de control de todos los núcleos físicos fundamentales es en consecuencia el punto de control de la energía pra'n'a colectiva. Mientras la manifestación de la energía vital (pra'n'a'h), básicamente depende de dos condiciones esenciales: en primer lugar, la resultante de pra'n'a'h debe ser una fuerza interna, y en segundo lugar, debe  regir un ambiente de convivencia amable.

Empero por ejemplo, en los mamíferos, la vida se crea en el útero, donde se forma la primera estructura física básica que tiene energía potencial, de donde emana una longitud de onda específica. Ella a su vez, recibe la potencialidad del momentum de los espermatozoides.

Por su parte, los espermatozoides obtienen su movimiento a partir de la potencialidad vital regente en el cuerpo masculino, y es por esto que se dice que el ser viviente reside primero en el líquido seminal del varón, luego en el vientre de la madre, y al final, regresa al seno de la Madre Tierra, quien siempre lo acoge.

Según sus creencias, todo éste universo compone el macrocosmos y el microcosmos simultáneamente, pues esta dimensión no es sino un mundo de materia inerte, ya que en realidad al final, simplemente se trata de la acción de una presencia viva o de una manifestación del espíritu supremo, en cualquiera de todas las formas posibles.

La materia física es el espíritu percibido y manifiesto a través de los sentidos; éste tipo de materia superior se encuentra en perpetuo movimiento, emancipada y absoluta. Tal fenómeno se define como: ‘la vida única que vibra en cada partícula componente del átomo básico presente en el la totalidad del universo’.

El tiempo, el espacio, la energía, la materia y la vida en su esencia, afectan los cuerpos teóricamente que aunque son inseparables, bien se pueden considerar separadamente para ciertos propósitos analíticos, más en realidad para efectos prácticos, no se pueden siquiera concebir como independientes.

Establecidos los conceptos anteriores, ahora se pueden desarrollar algunas teorías, no excluyentes, sobre la percepción del tiempo y de la existencia del espacio, especulaciones que en este caso particular están asociadas con la metafísica. (se pueden repasar los extractos al respecto)

Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres. Francisco de Quevedo.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242
Autor: Daniel García Vanegas.
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