martes, 7 de abril de 2015

EL SILENCIO



“Nadie predica mejor sermón que la hormiga que nada dice”. Benjamín Franklin.

El silencio pleno sólo existe como la concepción de la ausencia total de sonido, pues aún bajo un estado de quietud total se constituye en una situación imposible de suceder allí donde haya el más mínimo vestigio de vida.

El sonido, para no entrar en detalles, corresponde a la percepción de vibraciones resultado de la interacción de diferentes elementos, pues a pesar de ser invisible, se puede representar en forma de ondas vibratorias que marcan la intensidad o amplitud, la frecuencia, la duración o longitud de la onda y el timbre, así que cada vibración conlleva su propio sonido, sea éste perceptible o no para los humanos.

Para el observador, el silencio surge en forma relativa y aparece una vez los sonidos que hay son no-perceptibles por los sentidos, no obstante de la forma como se concibe, resulta ser simplemente un estado mental concentrado, porque para él, siempre suena algo, aunque sea de una manera muy leve e impalpable.

Está demostrado que aún en absoluta quietud, el individuo de todas formas produce y percibe como mínimo dos casi imperceptibles sonidos, uno agudo que corresponde a la vibración propia producto de la energía asociada con la tensión nerviosa, y otro grave, como resultado de la circulación o paso de la sangre por el conducto unido al oído.

Cuando se habla de silencio, sólo se hace referencia a una ausencia razonable de ruido que permite realizar otras actividades sin causar molestias: descansar, dormir, estudiar, reflexionar, concentrarse, meditar.

En música, se utiliza el llamado silencio como una suspensión entre sonidos, igual entonces, el silencio puede ser considerado como una simple ‘pausa’ de baja amplitud, poca intensidad y leve frecuencia sonora.

Con ello, aparece asociado el concepto de oír y escuchar. Aunque aparentemente no haya una diferencia notable entre estas dos palabras, en realidad se trata de eventos muy distintos. Oír es una acción casi involuntaria, se oye automáticamente, de la misma forma como se respira, esto inclusive, sin que el observador siquiera llegue a percatarse.

No sucede así cuando se escucha, allí se presta alguna, mucha o toda la atención, pues se estimula el oído en búsqueda de la significancia del sonido y convierte esta acción, en un acto sensible de percepción e interpretación del sonido.

Por ejemplo, escuchar obras musicales requiere, además de la debida atención, de un buen entrenamiento auditivo, sobre todo si se pretende analizar, algunos de los muchos componentes que intervienen en la composición general.

El sonido forma parte de la vida, está en todo lugar; más como pasa con todos los extremos, su exceso resulta perjudicial. La contaminación acústica comprende todo el ruido que circunda, ese que afecta el entorno y que a la vez perjudica la salud y atenta contra la tranquilidad. Algunos de sus efectos físicos derivados, se manifiestan en dolor de cabeza, estrés, insomnio, pérdida parcial de audición o incluso sordera.

Ahora bien, por simple disciplina se trata de aprender a mantener la mente quieta, porque el silencio del pensamiento, también corresponde a una fuerza que representa un inmenso poder. Una gran fuerza mental puede obtenerse, al aprender tanto a pensar, como a dejar de pensar siempre a voluntad. Mientras se ejerce el pensamiento, se proyecta el poder de la mente a interpretar los eventos de la mejor forma posible. Al suspender éste ejercicio, se recomienda abandonar el esfuerzo consciente, con el fin de evitar la fatiga mental.

Una vez los seres humanos se aquietan, van más allá del pensamiento, en ese momento, la quietud contiene una dimensión añadida de conocimiento, llamada consciencia superior. Aprender a cesar de pensar es la difícil adquisición de dejar reposar la mente, lo cual resulta de suma utilidad en el esfuerzo del encuentro consigo mismo.

Dejar de pensar a voluntad, requiere un manejo de aprendizaje tan intenso, como el de aprender a hacerlo. A poco de intentarlo, se puede advertir que es bastante más difícil que la misma acción de pensar, la cual es de alguna manera automática. Por lo tanto, resulta lastimoso el abandono del intento consciente de no pensar, pues la persona normal, cesa en su intento por enfrentar un relativo grado de dificultad no esperado.

Conviene tener más y más ratos de soledad e introversión, darse tiempo para la reflexión y acudir al silencio, para ganar sabiduría y poder. Al intelecto que siempre está inquieto, se le puede explicar que las respuestas que busca siempre están en el silencio, en la quietud y en la paciencia. Todo lo que el observador necesita saber, se encuentra una vez se escucha y observa, nunca mientras cuestiona y examina. Por esta razón, una vez alimentada la mente es mejor relajarse y mirar la proyección de la película.

La práctica del silencio conecta al individuo con la realidad, pues una vez se ha ubicado en el presente y al permanecer en silencio (silendum), el individuo asume un papel de vigilia en observación. Sólo entonces se percibirá la sonoridad interna que ahogará totalmente la bulla del mundo exterior y establecer internamente contacto con la ‘voz de la nada’, en el reino del sonido mudo.

“Interferencias delicadas, cuando claras, vencen rígidas resistencias”. Lao-Tsé.

Pues bien, el principio del sonido está estrechamente relacionado con el estudio de la sustancia atómica por ser el centro múltiple de las fuerzas. Los átomos vibran tan rápido que en un momento dan la impresión de estar quietos. Más en el otro extremo, hay átomos que vibran tan lento que parecen inexistentes. Igual, el primer paso para ser testigo es detenerse y permanecer en silencio. El Gita habla del vacío y del silencio, ello corresponde a la iluminación de la divinidad interna expresada en su aquí y su ahora, de manera que siempre queda establecida en un eterno presente.

Estar en silencio es abrir un espacio a la meditación y se constituye en un valioso remedio ante la enfermedad. De todos los medicamentos, la armonía es la que mayor adicción crea. El silencio como respuesta es el espacio en el que cada uno despierta, donde se abandona la mente ruidosa y se conforma el espacio en el que cada uno permanece dormido. Parece disonante, más si la mente continúa en su parloteo, el Ser permanece dormido.

Parafraseando a Buda se diría: “Al sentarse en el silencio y si la mente se detiene, se puede escuchar el canto de los pájaros así no hay presencia de la mente en el interior, sólo vive un silencio... ese silbido del pájaro, ese gorjeo, y entonces, ninguna mente se siente funcionar dentro de la cabeza y se llega el silencio total... allí por ende, la conciencia aflora. Ella no viene de afuera, surge dentro de sí, allí crece. Por lo demás, sólo cabe recordar: ¡Se está dormido!”.

El silencio del Ser, es el único lenguaje sublime que la sutil existencia entiende. Y una vez alcanzado, el peregrino ha llegado al hogar, el andar ha terminado, la lucha ha cesado. Ahora, de manera cómoda y a voluntad, se reconoce la presencia del Ser Íntimo en silencio.

Por su parte las culturas indígenas creen profundamente que el silencio es el signo de perfecto equilibrio. El silencio se asimila entonces con el equilibrio perfecto del cuerpo, la mente y el espíritu. El hombre que preserva su calma interior, nunca se ve agitado por las tormentas de la existencia. Sus ventajas son el autocontrol, el auténtico valor, la paciencia, la dignidad y la reverencia hacia el entorno. El silencio es la piedra angular del carácter.

Al reiterar la importancia del silencio y al aprender a controlar el parloteo de la mente como base importante para la conexión con ‘el sí mismo’ o ‘el habitante interno’,
se realiza el Ser. Las expectativas y la especulación, son las acciones favoritas de la mente que la impulsan a iniciar y continuar con ese permanente parloteo o ruido interno. Sin embargo, cabe recordar que según su consejo: "El silencio interno, es el maestro por excelencia”. Enseñanza Lakota.

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Fuente: Mi libro: “UN SENDERO A LONTANANZA”.
Registro de Propiedad Intelectual DNDA: 10-427-242
Autor: Daniel García Vanegas.
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ETIQUETAS: Sonido, música, armonía, melodía, ruido, ritmo, percusión, solfeo, silencio, sistemas, ordenamiento, energía, vibración frecuencias, ilusión, fuerza, entidad, existencia, planeta.